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—Anna... Sé que soy un completo idiota y que probablemente
no necesitas que te diga esto pero... —se detuvo un momento para hipar—. Nunca,
jamás, ni en tus sueños más oscuros, te vayas a enamorar de un tonto como yo.
Estoy arruinado, te lo digo.
—Te entiendo. Y sé que me lo merezco. Pero te pido que me
des una oportunidad, sólo una para demostrarte que este “sobrante” puede llegar
a valer la pena.
—¿Qué quieres decir con eso?
—Lo que quiero decir es que probablemente seré tu ruina,
lo peor que te haya pasado; soy como un virus ébola multiplicado por cien, pero
Anna, estoy completamente seguro que no tenerte cerca, ni por un segundo al
día, hace que mi piel deje de sentir. Sé que suena estúpido y cursi pero te
quiero sólo para mí, y con Marie jamás sentí la necesidad de partirle la cara
al primero que le veía el trasero. Y no sabes las veces que deseé romperle la
quijada a tu ordeña-vacas por mirarte de la forma en que lo hizo.
—Adam… las cosas no son tan fáciles…
—Sólo di que sí y yo me encargo de todo si el mundo se
viene encima.
—Dame tiempo para pensarlo.
—Nena, por favor acaba con mi sufrimiento ahora. Prometo
alejarme de tu vida si lo echo a perder; y vaya que lo voy a echar a perder
miles de veces antes de comenzar a hacerlo bien, pero quiero descubrirlo a tu
lado. No creo que pueda soportar a otro imbécil babeando por tu cuello.
—Entiéndeme tú a mí, si ese lame vacas hubiera seguido un
minuto más cerca de ti, no habría poder en el mundo que pudiera detenerme de
golpearle el rostro.
—Anna, jamás dejaré de ser infantil y estúpido; viene con
el paquete. Eso y una hermosa cara con labios besables.
Probablemente seré tu ruina, había dicho él, lo peor que
te haya pasado; soy como un virus ébola multiplicado por cien. Justo ahora
empezaba a creer esas palabras.
—¿Qué más quieres? ¿Caballos, gansos? Por ti robaría toda
una tienda de mascotas... y de licores.
—Mi príncipe —hice un teatral suspiro.
—Sí, tu príncipe tatuado
—Con un solo beso no vas a convertir a este sapo en
príncipe encantador — meditó—. Para eso tiene que ser el beso más largo y distractor
del mundo. Yo que tú me apresuraría.
Esto ya me estaba sonando a Cincuenta Sombras de Grey.
Cincuenta Sombras de Walker. No, sombras no. Misterios, y no cincuenta. Ciento
cincuenta misterios de Walker.
Sí, en otra vida, cuando sea escritora en alguna realidad
alternativa, así titularé mi relación con Adam.
—Por favor no vayas a decir que tienes raras aficiones y
escondes látigos en tu armario
—dije algo preocupada.
Adam se rió fuerte y claro en mi oído.
—Los finales perfectos venden libros, Anna.
La dedicatoria. Quiero que diga: Para el más egocéntrico,
estúpido, cretino, bastardo, charlatán, delicioso, hermoso e idiota chico que
he conocido: Adam Walker. Tiene que tener presencia y verse completamente real.
¿Cómo puede gustarte alguien e ignorar su lado dañado? No
puedes.
Lo aceptas, lo ayudas y lo vives con él.
Desde el momento en que tu madre te convenció para que
vieras esas películas de vampiros que se enamoran, supe que desviarías tus
buenos pasos. Los vampiros enamorándose, es algo antinatural, hija.
Adam tenía algo que me hacía amarlo con facilidad. Había
escuchado antes esa frase: Eres fácil de amar. Pero nunca había entendido su
significado. Con Adam todo tenía sentido para mí ahora: él era fácil de amar.
Imposible de no adorar, e irresistible de no querer.
¿Quién te dio permiso? ¿Acaso no vez el enorme sello
sobre su frente que dice que es mía?
Lamento de verdad que todo terminara de esta manera, de haber
sabido que te perdería, te hubiera besado con más fuerza esta mañana, habría
hecho eterno cada beso.
—¿Por qué piensas que está roto? —pregunté.
Ella tardó en dar su respuesta hasta que finalmente habló
y dijo:
—Pues porque ya no es el mismo de siempre. Cuando uno de
mis juguetes se rompe, deja de hacer lo que normalmente hacía; y el tío Adam
actúa de esa forma: como un juguete roto—se calló y miró disimuladamente hacia
su abuela, la niña me susurró lo siguiente — o cuando boté accidentalmente el
celular de Nanny al agua y la pantalla se puso negra y nadie pudo encenderlo de
nuevo. Parece que el tío Adam está en modalidad apagada, ¿crees que tenga
reparo? Porque el celular no lo tuvo.
—No entiendes. Estoy demasiado quebrado hasta el punto
donde no hay reparo. Temo hacerte daño o decepcionarte a ti también. Quiero
protegerte pero siento que te me escapas de las manos, te quiero tanto que tengo
miedo de echarlo a perder como todo lo que he echado a perder en la vida. No
quiero esconderte nada pero debo, a la vez, esconderte todo.
—La única razón por la que te pedí bajarte del auto fue
porque no soportaba verte congeniando con Key. Odio, repito, ODIO verte con
otro hombre que no sea yo. ¿Si soy posesivo? Me importa un carajo si lo soy o
no. Te pertenezco, Anna. Creo que no has captado lo mucho que te deseo desde
que te conocí. Deseo morder cada pulgada de tu cuerpo, hacerte mía y tenerte en
lo más profundo de mi ser. Me vuelves loco. Quiero golpear al idiota malnacido que
besó los labios que sólo yo tengo permitido besar… pero trato tan fuerte de
contenerme que, simplemente no sé por cuánto tiempo más voy a aguantar. Ahora,
lo que más deseo en medio de este descontrolado mundo, es darte un beso que no
te deje respirar y darle buen uso a esa cama detrás de ti.
—Creo… que… —jadeó cuando vio la atención que estaban
recibiendo sus pechos—el primer uso… de la… cama… es dormir.
Negué con la cabeza.
—Oh no, nena. Si la gente pudiera elegir entre dormir y
sexo, al menos el noventa por cierto de la población masculina estaría de acuerdo
conmigo y preferirían la segunda opción como uso número uno para una cama.
Christian Grey se tardó quinientas páginas para decirle a
Anastasia que su madre consumía crack, y tomó cerca de dos libros contarle la
razón del por qué le gustaban las morenas y no las rubias.
—Para dejarte entrar a mi corazón tendrías que poner uno
nuevo. ¿No te has puesto a pensar que tal vez tú y yo no estamos destinados a
estar juntos?
—Ni por un segundo, nena. Ni por un miserable segundo me
ha pasado eso por la cabeza. Vine con un propósito Anna, y ese es el de recuperarte.
Acéptalo. Si quieres que me ponga de rodillas y me arrastre de aquí a tu casa,
entonces lo haré. Nómbralo y lo hago; pero por lo que más quieras, no me digas
que tú y yo no estamos destinados a estar juntos. Y si no lo estamos… que se
joda el destino porque haré lo que quiera, siempre y cuando sea contigo.
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